Nara

Qué hacer en Nara: templos, ciervos y lugares imprescindibles

Si buscas qué hacer en Nara, descubrirás mucho más que una excursión rápida para fotografiar ciervos. Esta antigua capital de Japón combina templos monumentales, bosques, santuarios, jardines y barrios históricos en una ciudad tranquila que merece recorrerse sin prisas.

Qué hacer en Nara: templos, ciervos y lugares imprescindibles

Nara

Entre los mejores lugares que ver en Nara están Tōdai-ji, Kasuga Taisha y los senderos de Nara Park, donde los ciervos forman parte del paisaje. A poca distancia, Naramachi muestra una cara más íntima de la ciudad, mientras que el monte Wakakusa ofrece panorámicas que recompensan a quienes deciden quedarse algo más que unas horas.

  • Visitar Tōdai-ji y contemplar de cerca el Gran Buda
  • Pasear por Nara Park y disfrutar de los ciervos con respeto
  • Caminar hasta Kasuga Taisha entre faroles de piedra y bosque
  • hotel

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    Qué hacer en Nara: visitar Tōdai-ji y el Gran Buda

    Si tuvieras que elegir uno de los grandes templos de Nara, Tōdai-ji sería muy difícil de pasar por alto.

    El camino de acceso ya forma parte de la experiencia: árboles altos, ciervos moviéndose entre los visitantes y, poco a poco, la arquitectura del templo llenando el horizonte. En el interior espera el enorme Gran Buda, una presencia que se comprende mucho mejor cara a cara que a través de fotografías.

    Pero merece la pena resistir la tentación de marcharse nada más visitar el pabellón principal. Una de las mejores cosas que puedes hacer es continuar caminando hacia Nigatsudō, en una zona más elevada y generalmente menos agitada del complejo. Desde allí puedes disfrutar de amplias vistas sobre Nara, especialmente bonitas cuando la tarde empieza a terminar.

    Pasear por Nara Park y conocer sus famosos ciervos

    Los ciervos son inseparables de la imagen de Nara. Más de un millar viven en el parque y sus alrededores, y están profundamente vinculados con las tradiciones religiosas de la ciudad. Aunque están acostumbrados a las personas, siguen siendo animales salvajes, no mascotas.

    Puedes comprar los tradicionales shika senbei, unas galletas preparadas específicamente para ellos, pero es mejor alimentarlos con calma. No les des ningún otro alimento, no los toques, persigas ni provoques para conseguir una fotografía. Pueden volverse insistentes cuando detectan comida, y los niños pequeños pueden sentirse intimidados.

    Esa precaución no resta nada al encanto del encuentro. Todo lo contrario: lo que hace especial Nara Park es ver con qué naturalidad los animales forman parte del paisaje, descansando bajo los árboles o cruzando un sendero con una facilidad casi surrealista.

    Caminar hasta Kasuga Taisha entre faroles de piedra

    El camino hacia Kasuga Taisha tiene una belleza muy diferente de la escala monumental de Tōdai-ji.

    El sendero se adentra en el bosque entre cientos de faroles de piedra cubiertos de musgo. Después aparecen el bermellón del santuario, la sombra de los árboles y, de vez en cuando, un ciervo moviéndose silenciosamente entre ellos. La ruta también conecta con otros senderos de Nara Park y con los alrededores del bosque primario de Kasugayama.

    Este es uno de esos lugares que pierde algo cuando se recorre mirando constantemente la hora. Si Nara permite un pequeño lujo, es precisamente este: caminar despacio.

    Subir al monte Wakakusa y contemplar Nara desde las alturas

    Quien quiera descansar durante unas horas de templos y museos puede dirigirse al monte Wakakusa.

    La subida aporta una sensación de amplitud y paisaje después de horas entre monumentos. Desde las zonas más altas se obtiene una perspectiva diferente sobre la cuenca de Nara, y el entorno resulta especialmente atractivo hacia el final del día. Wakakusa también es conocido por sus puestas de sol y panorámicas nocturnas.

    No es algo que añadiría a un itinerario de apenas unas horas. Pero con un día completo —o, mejor todavía, pasando una noche en Nara— empieza a tener mucho más sentido.

    Descubrir Naramachi, el barrio que muchos excursionistas se pierden

    Después de la grandeza religiosa de Nara Park, Naramachi cambia el ritmo.

    Este antiguo barrio urbano, situado a una distancia fácil de recorrer a pie desde Kintetsu-Nara, es ideal para vagar por estrechas calles bordeadas de casas tradicionales, pequeñas tiendas y cafés. La oficina oficial de turismo lo presenta como una zona histórica especialmente adecuada para pasear y hacer compras, con muchas menos multitudes que los lugares más famosos del parque.

    Aquí, Nara empieza a sentirse menos como una colección de monumentos y más como una ciudad habitada.

    Para las parejas, probablemente sea uno de los lugares más agradables para pasear: no hace falta perseguir grandes atracciones, basta con dejar que la tarde transcurra por las calles secundarias y detenerse donde apetezca.

    Visitar un jardín japonés en Nara

    Nara tiene lugares donde la belleza no necesita monumentalidad.

    Isuien y otros jardines cercanos a Nara Park ofrecen una pausa especialmente agradable después de las zonas más concurridas. El agua, las piedras, la vegetación cuidadosamente compuesta y las siluetas de montañas o tejados crean una experiencia más contemplativa que espectacular. La guía oficial de Nara Park incluye Isuien y Yoshikien entre sus principales atractivos naturales.

    Si solo dispones de unas pocas horas, se pueden omitir. Pero si disfrutas de los jardines japoneses o quieres comprender otra dimensión de la estética de Nara, merecen mucho más tiempo del que suelen recibir.

    Visitar un jardín japonés en Nara

    Qué hacer en Nara cuando llueve

    La lluvia no tiene por qué arruinar una visita a Nara.

    El Museo Nacional de Nara, junto al parque, alberga importantes colecciones relacionadas con el arte budista y cuenta con amplias zonas interiores. La propia guía oficial lo recomienda como una de las mejores opciones para un día de lluvia.

    También puedes combinarlo con las galerías comerciales cubiertas próximas a Kintetsu-Nara. Y conviene recordar algo: los templos, los faroles mojados por la lluvia y el musgo del bosque adquieren una atmósfera extraordinaria con el tiempo húmedo. Los verdaderos inconvenientes son los zapatos mojados, los paraguas y el cansancio, no necesariamente la falta de cosas que hacer.

    Cosas gratis que hacer en Nara

    No necesitas estar pagando entradas continuamente para disfrutar de la ciudad.

    Pasear por Nara Park, ver los ciervos, recorrer muchos de los senderos exteriores, visitar el estanque Sarusawa o deambular por Naramachi puede ocupar fácilmente varias horas sin convertir el día en una sucesión de taquillas. El propio parque se puede visitar gratuitamente.

    Esto hace que Nara sea especialmente adecuada para viajeros que prefieren combinar una o dos atracciones de pago con largos paseos.

    Nara con niños: ciervos, jardines y espacios abiertos

    Los ciervos suelen ser la principal atracción, pero los adultos deberían supervisar el encuentro. Pueden acercarse rápidamente cuando ven comida y no siempre reaccionan como un niño podría esperar. Las recomendaciones oficiales recuerdan que siguen siendo animales salvajes, que no hay que molestarlos y que nunca se les debe dar nada distinto de las galletas especiales para ciervos.

    Más allá del parque, la región también ofrece otras opciones aptas para familias, y la guía oficial de turismo destaca actividades diseñadas para niños además de los templos.

    El principal riesgo de un día familiar en Nara no es quedarse sin cosas que hacer, sino intentar visitar demasiados templos seguidos. Alternarlos con jardines, ciervos y espacios abiertos suele funcionar mucho mejor.

    Qué hacer en Nara por la noche

    Nara no compite con Osaka por la vida nocturna, ni debería intentarlo. Quien busque megaclubes encontrará pocas razones para quedarse; aquí las noches tienen más que ver con bares, izakaya, sake y pequeños locales.

    Precisamente por eso, pasar la noche en Nara puede cambiar la manera de experimentar la ciudad.

    Cuando la mayoría de los excursionistas se han marchado, Nara se vuelve mucho más tranquila. Una puesta de sol desde Nigatsudō o Wakakusa, una cena relajada y después una copa por Naramachi forman un final del día mucho más acorde con el carácter de la ciudad que una noche frenética.

    Las mejores excursiones desde Nara

    Si dispones de más de un día, la prefectura ofrece muchas oportunidades para ir más allá del circuito clásico.

    Asuka combina paisajes rurales, monumentos antiguos y rutas en bicicleta muy agradables; la guía oficial recomienda dedicarle más que unas pocas horas. Hōryū-ji es una opción especialmente interesante para quien quiera profundizar en la historia del budismo en Japón. Y Yoshino tiene un carácter completamente distinto: montañas, templos y senderos especialmente famosos durante la temporada de floración de los cerezos, aunque algunos servicios pueden funcionar con menor regularidad fuera de los periodos de mayor afluencia.

    Lo que puede decepcionarte al visitar Nara

    La zona de los ciervos y los accesos a los principales templos pueden estar muy concurridos. Quien espere una ciudad congelada en el tiempo también encontrará grupos turísticos, tiendas de recuerdos y bastante actividad turística.

    Un error habitual es llegar, alimentar a unos cuantos ciervos, fotografiar Tōdai-ji y marcharse.

    Nara mejora cuando te alejas unos cientos de metros de esa ruta automática. Aparecen senderos tranquilos, santuarios escondidos entre los árboles, barrios antiguos y momentos en los que la antigua capital vuelve a sentirse realmente antigua.

    La ciudad también cambia de forma notable con las estaciones: la primavera y el otoño hacen que el parque resulte especialmente bonito, mientras que el verano puede ser caluroso, húmedo y lluvioso.

    Nara merece ser contemplada en lugar de consumida. Un día es suficiente para ver sus grandes iconos; quedarse una noche permite empezar a comprenderla.

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